22 diciembre, 2006

El Gordo.


Por fin entramos en la recta final (del principio) de unas fiestas que me emborrachan de nostalgia. Sin evasión posible. Te atrapan en su complejo entramado estés donde estés. No hay escapatoria a su sabor dulzón, acaramelado, hiperproteínico, embriagador. Es como estar en el interior de un algodón de azúcar gigante. Como la sensación producida por el olor de una colonia dulzona a las tres del mediodía.
A pesar de todo, me gusta ver el sorteo de Navidad. Ni siquiera miro los pocos números que tengo, pero me enganchan esos niños con su monótona cantinela. Entro en un estado de semiconsciencia roto en ocasiones por las periodistas, con los intrascendentes comentarios de alguien que tiene que estar tres horas hablando sin nada relevante que explicar.
Y la cara de felicidad del niño cuando saca la bola del gordo. Nada de champán ni cantos enloquecidos. La cara de los niños de San Ildefonso es lo mejor del sorteo de Navidad (Teniendo en cuenta que nunca me ha tocado y las probabilidades de que yo sea una de las que cantan enloquecidamente es escasa). Hasta me emociono. Tonta que es una.
Una canción: Fly me to the moon. (F. Sinatra)
Un lugar en el mundo: El interior de mi PC. (Cariño, he encogido a los niños!!)
Un deseo: Salud! No?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Nunca me ha gustado mucho la Navidad y cada año, un poco menos. Ni siquiera me gusta ver el gordo, y si alguna vez lo veo me siento maliciosa, porque en mi interior estoy pensando, a ver si se les cae una bola, a ver si se equivocan.... que le vamos a hacer, cada uno es como es! Este año nos tocará no movernos de casa por imprevistos de última hora, así que probablemente aún me gusten menos que otros años, cuando ni siquiera te reunes con la familia.
De paso FELIZA NAVIDAD

Musa Sosa dijo...

Mickey g. ese espíritu!!! Que se levante ahora mismo!!!!
Ya verás como el próximo año verás estas fiestas desde otro punto de vista. Y los niños que se equivoquen, que la pifien, por ñoños jajaja.