
Personalidad es lo que creamos mientras vivimos. Tal vez lo único que queda de nosotros cuando no estamos presentes. En mi consciencia se amontonan ráfagas de todos vosotros. De todas esas personas que primorosamente selecciono y con las que comparto los minutos que conforman mi yo más nítido o el más oscuro. Parte de mis creencias, mis pasiones, mis pecados, mis virtudes y mis anhelos son reflejos. Sois vosotros. Parte de mi sois vosotros. Porque yo quiero. Porque os elijo.
Recuerdo ese día que descubrí que hay lugares insignificantes y feos que, en un momento determinado, te recuerdan quién eres y por qué eres así. Del mismo modo que recuerdo esa tarde de domingo en el Borne, elixir de manzana mediante, en que nos dieron las ocho sin previo aviso. Y entendí, una vez más, por qué somos amigas.
Envuelvo mi alma de papel cebolla con vuestro recuerdo. Con pedacitos de personalidades deslumbrantes, cercanas o alejadas por el tiempo. Con pedacitos de almas que pude vislumbrar en una mirada oportuna, con pedacitos que se asombrarían de saber que quedaron en mi. Algunas veces lamo mis heridas con saliva prestada por vosotros. Me encanta mirar a los ojos a las personas que quiero y buscarlas. Soy adicta a las almas que se esconden; tras silencios, tras palabras, tras sonrisas, tras escudos.